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OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES - ROGAR A DIOS POR LOS VIVOS Y DIFUNTOS

OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES - ROGAR A DIOS POR LOS VIVOS Y DIFUNTOS

Rezar es amor. Cuando rezas por alguien te solidarizas con él, lo quieres como a ti mismo. No rezas para ablandar el corazón de Dios, sino para agrandar el tuyo. Rezar es llenar tu corazón de nombres.
Rezar por los demás te hace bien a ti mismo, porque te ayuda a amar y te compromete para hacer realidad, en la medida de tus fuerzas, aquello que pides.
Ruega a Dios por los vivos y difuntos y sentirás cómo crece la comunión de los santos.
Orar por los vivos y por los difuntos es una obra de misericordia. De la misma manera que ayudaríamos en vida a sus cuerpos enfermos, así, después de muertos, debemos apiadarnos de ellos rezando por el descanso eterno de sus almas.
Orar por los difuntos y en lo posible celebrar la Santa Misa por su eterno descanso.
OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES - PERDONAR LAS OFENSAS

OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES - PERDONAR LAS OFENSAS

Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar? Con esta respuesta Jesús no nos dice que perdonar sea fácil, sino que es un requisito absolutamente indispensable para nuestra vida. Podríamos decir que es un mandamiento, porque nos dice ¡perdona!
Cada uno es diverso y, por lo tanto, cada uno dará cuentas a Dios de lo que ha hecho con su vida y con sus acciones. En nuestro corazón deber reinar sólo Dios. Él es amor, como dice san Juan en su primera epístola.
Por este motivo debemos trabajar en amar, en comprender en perdonar. Pidamos a Cristo la gracia de contar con un corazón como el suyo que sepa amar y perdonar a pesar de las grandes o pequeñas dificultades de la vida.
DOMINGO DE PENTECOSTÉS- 15 DE MAYO

DOMINGO DE PENTECOSTÉS- 15 DE MAYO

El Espíritu Santo es “una inmensa cascada de gracia”. “Quien se sumerge con fe en este misterio de regeneración renace a la plenitud de la vida filial”. “La paternidad de Dios se reaviva en nosotros a través de la obra redentora de Cristo y del don del Espíritu Santo”.
“El Espíritu es dado por el Padre y nos conduce al Padre. Toda la obra de la salvación es una obra que regenera, en la cual la paternidad de Dios, mediante el don del Hijo y del Espíritu, nos libra de la orfandad en la que hemos caído”.
El Santo Padre reconoció que “también en nuestro tiempo se constatan diferentes signos de nuestra condición de huérfanos: esa soledad interior que percibimos incluso en medio de la muchedumbre, y que a veces puede llegar a ser tristeza existencial”.
Por último, habló de la Virgen María: “La Madre de Jesús está en medio de la comunidad de los discípulos, reunida en oración: es memoria viva del Hijo e invocación viva del Espíritu Santo. Es la Madre de la Iglesia”.
El Papa terminó pidiendo que “podemos mirarnos como hermanos, y nuestras diferencias harán que se multiplique la alegría y la admiración de pertenecer a esta única paternidad y fraternidad”.

                                                                                            Papa Francisco en la homilía de la Santa Misa de Pentecostés