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SÁBADO SANTO- DÍA DE ESPERA

SÁBADO SANTO- DÍA DE ESPERA

Hoy es Sábado Santo y es un día de espera. Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al sepulcro. Es día para profundizar. Para contemplar. El altar está despojado. El sagrario, abierto y vacío.
El Sábado está en el corazón mismo del Triduo Pascual. Entre la muerte del Viernes y la resurrección del Domingo nos detenemos en el sepulcro.
Son tres aspectos de un mismo y único misterio, el misterio de la Pascua de Jesús: muerto, sepultado, resucitado.
Jesús se encuentra en el sepulcro y es María quien acompaña a la Iglesia. María es la madre de la paciente espera, aunque está dolida por la  muerte de su hijo. Ella fue la única que mantuvo viva la llama de la fe cuando Cristo fue sepultado.
María no fue al sepulcro porque había acogido la palabra de Dios en su corazón. Y por ser una mujer de fe profunda, había creído. Por lo tanto, ella no estaba desilusionada, ni asustada, ni desconfiaba. Sino que espera plenamente en la resurrección de su Hijo.
Pese de haber visto todo el dolor del día anterior, su fe y su esperanza son mucho más grandes aún. Se mantuvo firme al pie de la cruz, aunque profundamente dolida. En esos momentos lo único que la sostuvo fue la fe. Y también la esperanza de que se cumplirían las promesas de Dios.
VIERNES SANTO

VIERNES SANTO

El viernes Santo es día de penitencia para toda la Iglesia y por tanto hay que guardar en este día la abstinencia y el ayuno. El ayuno es además de penitencial, celebrativo, ritual, y contemplativo del misterio de la Cruz. Si bien es personal es sobre todo comunitario: la comunidad ayuna en la espera de su Señor Resucitado.
En este día no se celebra la Eucaristía y la Sagrada Comunión sólo se distribuye a los fieles durante la celebración de la Pasión del Señor. No se celebra ningún sacramento, a excepción de la Reconciliación y de la Unción de los Enfermos.
No tenemos Eucaristía pero sí una celebración litúrgica de la Muerte del Señor, una celebración de la Palabra que concluye con la adoración de la Cruz y con la comunión eucarística. Es una celebración sencilla, sobria, centrada en la muerte del Señor Jesús.
Proclamamos el misterio de la Cruz, en las lecturas de la Palabra de Dios.
Invocamos la salvación del mundo por la fuerza de esa Cruz.
Adoramos la Cruz del Señor Jesús.
Y finalmente participamos del misterio de esa Cruz, del Cuerpo entregado, comulgando de él.
La Pasión de Cristo es pues, proclamada, invocada, venerada y comulgada.
JUEVES SANTO - LAVATORIO DE LOS PIES

JUEVES SANTO - LAVATORIO DE LOS PIES

El Jueves Santo es un día en el que Dios nos invita por medio del servicio a ser esas lámparas que lleven la luz de Cristo al mundo. También este día debemos reconocer el amor de todos esos hombres que deciden dejarlo todo por seguir a Cristo en la entrega total al servicio de los demás: religiosas, religiosos, misioneros, hombres y mujeres consagrados a Dios. Pero especialmente celebrar y pedir a Dios por aquellos que con su vida comparten la misión de Cristo y nos administran los sacramentos: los sacerdotes.
Pedir por su santidad y fidelidad al servicio de Cristo. No debemos olvidar pedir por mas vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio, pedir por mas hombres y mujeres que tengan por vocación la entrega total al servicio de Jesucristo y de su Iglesia.

Entre los detalles que hacen diferente a la Misa de la Celebración de la Cena del Señor a otras misas durante el año es que en esta se incluye una parte donde se lavan los pies a los apóstoles representado por doce personas de la comunidad. En esta parte de la misa resalta la importancia tan grande que tiene el servicio al prójimo.
JUEVES SANTO

JUEVES SANTO "HACED ESTO EN MEMORIA MÍA"

Hoy la Iglesia celebra el Jueves Santo. En este día, durante la Última Cena, Jesús instituyó dos sacramentos: La Eucaristía cuando partió el pan durante la última cena y les dijo a los apóstoles:  “Hagan esto en memoria mía” y el Orden Sacerdotal.
La Iglesia conmemora este día  con una Eucaristía especial. En ella, el sacerdote realiza el lavatorio de pies a doce personas quienes representan a los apóstoles.
También en este día, Cristo nos dejó un mandamiento nuevo: “Amaos los unos a los otros así como yo los he amado”.
Durante el Jueves Santo debemos aprovechar la oportunidad de reconciliarnos con el prójimo. Debemos acudir a esta Eucaristía con un corazón dispuesto a encontrar el sentido del amor al prójimo.
DOMINGO DE RAMOS - 9 de abril

DOMINGO DE RAMOS - 9 de abril

El DOMINGO DE RAMOS abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas y de la pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén y la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Marcos.
Entramos en la Pasión y anticipamos la proclamación del misterio, con un gran contraste entre el camino triunfante del Cristo del Domingo de Ramos y el Viacrucis de los días santos.
Este Domingo una oportunidad para proclamar a Jesús como centro de nuestras vidas. Debemos parecernos a esa gente de Jerusalén que se entusiasmó por seguir a Cristo. Es un día en el que le podemos decir a Cristo que nosotros también queremos seguirlo, aunque tengamos que sufrir o morir por Él.
La Misa del DOMINGO DE RAMOS se inicia con la procesión de las palmas. Nosotros recibimos las palmas y decimos o cantamos “Bendito el que viene en el nombre del Señor”.
Sin embargo, son las últimas palabras de Jesús en la Cruz la nueva semilla de la Iglesia en el mundo. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".
La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, el triunfo de la resurrección; mientras que la lectura de la Pasión nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor.
Las ceremonias principales del día son la bendición de las palmas, la procesión, la Misa, y durante la Misa, el relato de la Pasión.
CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

Hoy celebramos el cuarto domingo de Cuaresma, llamado en latín Domingo “Laetare”, es decir, “alégrate”, por la proximidad de la Pascua.

La iglesia se permite este domingo una breve alegría en el carácter sobrio que marca las celebraciones de la Cuaresma. La mayor expresión de este regocijo es el color rosado con que se viste el celebrante.

Las lecturas de hoy conllevan igualmente la alegría, primero, de ver cómo el Señor escoge a su siervo David, el más pequeño de sus 7 hermanos, simplemente porque así lo quiso. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón”.

En la segunda lectura, San Pablo nos dice que Cristo será la luz que nos guiará. Por eso dice: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz”.

En el Evangelio según San Juan que hemos leído hoy, los discípulos de Jesús le preguntan al pasar junto a un ciego de nacimiento: “¿Quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego? Y Jesús les responde: Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Entonces le devuelve la vista al ciego.

En ocasiones, todos estamos ciegos, nos ciegan muchas cosas en la vida: la ambición, el trabajo, el miedo, la desconfianza, la ira, el orgullo, la rutina, la costumbre. Es bueno romper el ritmo. Hoy se nos invita a abrir los ojos de la fe al mensaje de Jesús, a vivir la vida con actitudes de amor, de alegría, de esperanza, para que así nuestra fe sea iluminada por la luz de la Pascua.