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FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ - 19 DE MARZO

FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ - 19 DE MARZO

Como el 19 de marzo, solemnidad de San José, coincide este año con el tercer domingo de Cuaresma, la Conferencia Episcopal Española ha decidido trasladar la celebración litúrgica de la solemnidad de San José al lunes 20 de marzo.

San José es quien tuvo el privilegio de ser esposo de María, de criar al Hijo de Dios y de ser la cabeza de la Sagrada Familia. Es patrón de la Iglesia Universal.

Según la historia, a San José Dios le encomendó la inmensa responsabilidad y privilegio de ser esposo de la Virgen María y custodio de la Sagrada Familia. Es por ello el santo más cercano a Jesús y a la Santísima Virgen María.

No era padre natural de Jesús (quién fue engendrado en el vientre virginal de la Santísima Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios), pero José lo adoptó y Jesús lo respetó como un buen hijo ante su padre.

Se le conoce por sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre, responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo. José fue santo desde antes de los desposorios. Un escogido de Dios. Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. El Papa Pío IX nombró a San José, en 1847,”Patrono de la Iglesia Universal”.
TERCER DOMINGO DE CUARESMA - 19 DE MARZO 2016

TERCER DOMINGO DE CUARESMA - 19 DE MARZO 2016

EL ENCUENTRO DE JESÚS CON LA MUJER SAMARITANA:“DAME DE BEBER"

Nos encontramos ya en el 3º Domingo de Cuaresma. Durante toda la cuaresma Jesús nos invita a la reflexión, al perdón, a la conversión, a cambiar de vida. Y hoy nos regala un precioso encuentro: una mujer samaritana en su rumbo, en su vida, que se encuentra con la vida verdadera —que es Jesús— y cambia su vida.

Un encuentro precioso, para pensarlo, meternos, ver todas las reacciones de Jesús! “Si conocieras el don de Dios…”. Dos palabras claves para este encuentro: “Dame de beber”. Y otra: “Si conocieras el don de Dios…”.

El Papa San Juan Pablo II hacía la siguiente reflexión sobre este evangelio:

Precisamente cuando la Samaritana se dirige a Jesús con las palabras: "Dame esa agua" (Jn4, 15), entonces Él no tarda en indicar el camino que lleva a ella. Es el camino de la verdad interior, el camino de la conversión y de las obras buenas. "Anda, llama a tu marido" (Jn 4, 16), dice el Señor a la mujer: se trata de una invitación a examinar la propia conciencia, a escrutar en lo íntimo del corazón, a despertar en él las esperanzas más profundas, ésas que se finge esconder bajo la réplica evasiva. Hace descubrir a esta mujer la necesidad de ser salvada y de preguntarse por el camino que puede conducirla a la salvación, haciendo con ella un verdadero y propio "examen de conciencia", y ayudándola a llamar por su nombre a los pecados de su vida. Por esto el Señor le apremia: "Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido" (Jn 4, 17-18). De este modo la mujer no sólo reconoce su situación de pecado, sino que es ayudada a llamar por su nombre a los pecados de su vida.


Es el momento de pasar de la esclavitud del pecado a la libertad de la gracia de los hijos de Dios. Y qué mejor momento que ahora, durante la Cuaresma, para poder vivir en plenitud la gran Fiesta de la Pascua con Cristo.
CAMPAÑA DE RECOGIDA DE PRODUCTOS DE LIMPIEZA Y ASEO PERSONAL

CAMPAÑA DE RECOGIDA DE PRODUCTOS DE LIMPIEZA Y ASEO PERSONAL

RECOGIDA DE PRODUCTOS DE LIMPIEZA Y ASEO PERSONAL

Con motivo de la Cuaresma La Hermandad del Stmo. Cristo de la Luz inicia una CAMPAÑA SOLIDARIA de recogida de productos de limpieza y aseo personal, preparada por la Vocalía de Caridad de la Hermandad a favor de Cáritas Parroquial de Dalías.

La campaña se llevará a cabo del 18 de marzo al 8 de abril.

Los artículos de limpieza podrán ser de uso personal: champú, gel de baño, maquinillas de afeitar desechables y espuma de afeitar, cepillos y pasta de dientes, compresas, pañales, etc.

En cuanto a los productos de limpieza se requerirá detergente en polvo o líquido para la ropa, lejía, limpia-suelos, estropajos, bayetas y jabón lavavajillas.

Damos las gracias por vuestra colaboración, queremos lograr una sociedad mejor. Tu ayuda puede cambiar el dia a una persona que lo necesita.

“AYÚDANOS PARA QUE PODAMOS AYUDAR”
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA - 12 DE MARZO

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA - 12 DE MARZO

En este 2º Domingo de Cuaresma se nos invita a acercarnos más a Jesús, a exigirnos más. Hoy se nos regala la gran escena de la Transfiguración, una escena que nos tiene que llevar a reflexionar y a exigirnos transformar nuestra vida en la vida de Jesús.

Es una gran invitación que nos hace la Cuaresma: retirarnos un poco de las cosas, de las preocupaciones diarias, para disfrutar de la cercanía de Dios.Es una gran experiencia de fe.

Se nos invita a transformarnos, a cambiar nuestra realidad, a empezar un camino nuevo, pero el camino pasa por la Cruz.  Tenemos que escuchar en nuestro interior, tenemos que subir al monte y tenemos que quitarnos de nuestro mundo para llenarnos de la teofanía de Jesús. Hoy le tenemos que pedir mucho al Señor sentirnos firmes y seguros y dispuestos a cambiar de vida, dispuestos a deslumbrarnos por su luz, dispuestos a acercarnos a Él, a deslumbrarnos con su Amor. Y cuando nos acerquemos a Él, todo cambiará.

El camino de la gloria pasa por la Cruz. Tú y yo vamos a pedirle mucho que nos ilumine Él, que nos inunde con su luz, que nos deje así, extasiados, admirados; que brille tanto en el fondo de nuestro corazón que no veamos, que seamos imperceptibles a lo demás. Le damos gracias también a Jesús por ayudarnos a subir a la montaña para llevarnos con Él, para llegar a experimentar ese momento de alegría en medio de la prueba. Que nos des fuerza para todos los momentos duros, que entendamos también la cruz y que entendamos que todo se tiene que transfigurar en ti.

Día de la Transfiguración. Día de la gran teofanía. Día del amor. Que esta semana luchemos y trabajemos por subir al Tabor, al monte, y allí disfrutar de la gran teofanía y de la gran manifestación del Amor de Dios. ES como un anticipo del cielo, donde vere­mos a Jesús resucitado en la plenitud de su gloria.
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA - 5 de marzo

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA - 5 de marzo

El texto del evangelio del primer domingo de Cuaresma nos presenta las tentaciones de Jesús al comienzo de su vida pública.

Jesús no huyó de su realidad humana y se hizo uno de nosotros. Por eso sintió la tentación en su propia carne. Jesús supo responder con firmeza y coraje a los halagos de la tentación y por eso salió victorioso de ella. Jesús nos enseña con sus tentaciones que para el creyente sólo Dios nuestro Padre es digno de adoración, aunque constantemente se nos estén ofreciendo otros “dioses” o “ídolos” que quieren sustituir al Único Dios, el Señor.
A este cambio Jesús invitó a la gente después de las tentaciones, cuando proclamó: “Cambien sus caminos, porque el Reino de los Cielos está ahora cerca” (Mateo 4,17).

LA CUARESMA ES CAMINO DE CONVERSIÓN

Ayúdanos, Señor, a convertir nuestras manos para que sean abiertas y generosas, a convertir nuestros oídos para que estén abiertos a tu Palabra y al clamor de los necesitados, a convertir nuestros ojos para que no deslumbren por la riqueza. Ayúdanos, Señor, a convertir nuestro corazón endurecido en un corazón de carne, ayúdanos a convertir nuestro orgullo en humilde servicio. Ayúdanos, Señor, a convertir nuestras codicias en generosidad, nuestra agresividad en no‐violencia activa, nuestro desaliento y cansancios en esperanza.
CUARESMA - CAMINO HACIA LA PASCUA

CUARESMA - CAMINO HACIA LA PASCUA

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2017

LA PALABRA ES UN DOM. EL OTRO ES UN DON

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.
1. El otro es un don

La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.

La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).

Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

2. El pecado nos ciega

La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).

El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).

El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.

Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).
3. La Palabra es un don

El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).

También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.

El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.

La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).

De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ―que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador― nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

Vaticano, 18 de octubre de 2016, Fiesta de san Lucas Evangelista.